Estar al frente de un equipo no es tarea fácil, ya que a las labores técnicas propias del puesto de trabajo, debemos añadir las que corresponden al jefe de un equipo con varios empleados a su cargo.

Una de las principales fuentes de preocupación de los jefes en este aspecto se centra en encontrar modos para motivar a sus colaboradores, de tal manera que puedan estar contentos y satisfechos en su puesto de trabajo.

Está demostrado que un trabajador motivado no sólo disfruta de su trabajo sino que también rinde más y obtiene mejores resultados. Por lo tanto ¿qué podemos hacer para conseguirlo?

1º DESHACER EL ERROR

Intuitivamente solemos creer que la motivación va ligada a la remuneración del empleado y eso no es exactamente así. Un trabajador motivado es aquel que siente un impulso positivo y satisfactorio a la hora de realizar su trabajo, impulso que le lleva a realizarlo con gusto y con ganas de mejorar.

La generación del impulso motivador no suele estar relacionada con la remuneración, sino más bien con el reconocimiento y el crecimiento personal. Cuando un empleado recibe su bonus anual por el logro de los objetivos de ventas se siente muy bien, sin duda, ¿por el dinero?

La motivación que procede del dinero es poco duradera. El sentimiento de satisfacción que procede de haber logrado su meta, y del reconocimiento que está recibiendo por parte del superior es mucho más intenso y duradero en el tiempo.

Se pueden establecer objetivos económicos cuantitativos en cuanto al logro de metas, son necesarios, muy positivos y agradan a todos, pero siempre teniendo en cuenta que sus efectos a nivel de satisfacción son inmediatos y poco duraderos.

 

2º TRABAJADORES SATISFACHOS

Lo que realmente interesa es conseguir que los trabajadores estén satisfechos y con ganas de mejorar siempre y para eso es necesario saber dos cosas sobre la motivación:

  • La motivación es distinta en cada persona, y no a todos nos motiva lo mismo.
  • La motivación es cambiante a lo largo de la vida, y lo que nos motiva hoy no es lo mismo que nos motivará mañana.

Si quiero acertar con estrategias motivacionales que sean realmente útiles en mi equipo, debo conocer muy bien a mis trabajadores. Debo hablar con ellos, escucharles con sinceridad, estar atento/a a sus inquietudes, a sus preocupaciones, a sus problemas y alegrías.

Y una vez conocido esto, es el momento de poner en marcha un plan de motivación distinto para cada uno y siempre flexible.

El plan debe estar compuesto por estrategias consensuadas con el trabajador y que preferentemente se puedan medir con un indicador objetivo (esto no es siempre posible).

Por ejemplo, a uno de mis trabajadores le puede satisfacer recibir formación específica en algún tema, pero a otro le puede gustar más la compensación de un esfuerzo extra en tiempo libre y no en dinero.

Dar la oportunidad de trabajar en equipo, o participar en ritos sociales puede ser otra estrategia para los empleados menos veteranos. Delegar tareas y responsabilidad o estimular iniciativas puede gustar a los empleados con mayor madurez.

Suelen lograr satisfacción, acciones como felicitar por el trabajo bien hecho, dar feedback sobre el trabajo realizado, dedicarles tiempo y escucha, pedirles opinión y tenerla en cuenta, poner metas concretas o encomendar tareas de principio a fin mejor que tareas parciales o fraccionadas. Y en general crear un clima laboral amable y positivo para trabajar, abordando inmediatamente los conflictos que surjan.

Un plan motivacional correcto debe estar compuesto de algunos objetivos cuantitativos y otros cualitativos y debe ser personal y distinto para cada trabajador.

Objetivos siempre alineados con los intereses generales de la empresa. En un plan personal no puede haber, por ejemplo, un objetivo de ocio personal que no contribuya en nada al objetivo general de la compañía.